La mentalidad de víctima se ha vuelto prevalente en la cultura de los últimos años. En un país donde todos se quejan de su suerte - el pobre de las magras raciones que le dio el destino, el rico de los taxes, el político negro de la policía y la políca del poítico y de los negros, el latino de las leyes y también de los inmigrantes, el de izquierda de los nazis y los de derecha de los comunistas - hasta el presidente lloriquea de las supuestas injusticias de las que es víctima!
Estas son algunas imágenes de la exposición "Athens Open Art" (2022). La galería "Art.Number23" está situada en el centro histórico de la ciudad de Atenas, a una corta caminata del Ágora y del Partenón. Sus puertas se abren a la escalera que lleva al Pnyx, donde se reunía la asamblea del pueblo ateniense y lugar de nacimiento de la democracia. Estoy seguro de que Sócrates caminó por estos mismo callejones. Y quién sabe? A lo mejor su espíritu haya podido ver el retrato que le hice.
En todo libro de historia militar se oculta la historia del miedo. O al menos, hay una línea de lectura alternativa, que es la que se refiere al miedo. A los historiadores les encanta narrar las hazañas, las grandes victorias, pero por cada una de esas, hay un montón de gente que salió corriendo. Como decían los Griegos: Fobos, el dios del miedo, reina sobre el campo de batalla. Y en efecto, en las batallas de la antigüedad parece más importante asustar al rival que darle muerte. La mayoría de las bajas se producían durante la huída frenética del bando perdedor.
Hay otros detalles que nunca salen en las películas, pero sí aparecen incluso en los libros de Platón. Los griegos iban al combate con una túnica nueva y una armadura y escudo hechos de oro, y volvían sin escudo y hechos un asco. Porque durante la batalla vomitaban, se meaban y se cagaban de miedo. Literalmente!
Frente al Acrópolis hay una montaña donde aún hoy se puede visitar la cárcel de Sócrates. Es poco probable que el filósofo haya pasado siquiera un día allí, pero sigue siendo un lugar interesante. Hice lo de los turistas y me saqué un selfie. Seguí caminando por la colina hasta toparme con un acantilado de piedra. Una caída que me mataría sin dudas, pensé. Soñé despierto que me despeñaba y al abrir los ojos me encontraba en la cárcel de Sócrates, con el filósofo sentado frente a mí en la penumbra. Me recompuse lo mejor que pude. Sin salir de mi asombro, y con tono inseguro, empecé la conversación:
Es interesante que la filosofía socrática empiece en el mercado, en la plaza pública, en la conversación incesante, en el debate, y termine con un hombre hablando consigo mismo, en una tienda de campaña, escribiendo un diario que ni siquiera pensaba publicar. Es como si a lo largo de los siglos el filósofo se hubiera quedado solo, sin amigos con quien compartir sus ideas. Y cuando leemos las "Meditaciones" de Marco Aurelio, en efecto, percibimos esta soledad infinita, reflejo del aislamiento de este hombre que no tiene iguales, no sólo porque es el emperador, sino porque es particularmente brillante y educado entre sus acompañantes. No tiene con quien hablar, por eso escribe. Sócrates, en cambio, que llamaba a sus discípulos amigos, no tenía necesidad de tanta página. Es también muy llamativo que sea este libro el más leído de toda la filosofía antigua. Porque nadie lee la "República" a menos que esté haciendo una investigación filosófica o algo por el estilo. Sin embargo las Meditaciones sí son leídas y citadas a menudo. En cierto sentido, en su disolución, la filosofía socrática encontró la forma en que volvería al diálogo entre amigos y filósofos.