En todo libro de historia militar se oculta la historia del miedo. O al menos, hay una línea de lectura alternativa, que es la que se refiere al miedo. A los historiadores les encanta narrar las hazañas, las grandes victorias, pero por cada una de esas, hay un montón de gente que salió corriendo. Como decían los Griegos: Fobos, el dios del miedo, reina sobre el campo de batalla. Y en efecto, en las batallas de la antigüedad parece más importante asustar al rival que darle muerte. La mayoría de las bajas se producían durante la huída frenética del bando perdedor.
Hay otros detalles que nunca salen en las películas, pero sí aparecen incluso en los libros de Platón. Los griegos iban al combate con una túnica nueva y una armadura y escudo hechos de oro, y volvían sin escudo y hechos un asco. Porque durante la batalla vomitaban, se meaban y se cagaban de miedo. Literalmente!
La conspiración para asesinar a Julio César empezó con la reunión de tres hombres: Brutus, Cassius y Decimus. Brutus, el más conocido de los tres, pertenecía a una de las familias más notorias de Roma. Su apellido estaba asociado al establecimiento mismo de la república. Según la tradición, otro Brutus, cinco siglos antes, había destronado al último rey de Roma. Era además hijo de una amante de César. Aunque no queda claro en las fuentes, muy bien puede haber sido engendrado por César. Los otros dos son menos conocidos. Cassius fue almirante naval de Pompeyo. Pero luego fue perdonado por César, que sabía reconocer el talento cuando lo veía. Decimus fue un comandante que acompañó a César durante las guerras en las Galias. Los tres hombres le debían algo, pero también tenían mucho que ganar con su muerte.
Cognitive Bias. Una frase que me cuesta traducir al español. Aunque seguramente existe un término equivalente para esta suerte de falacia lógica en mi idioma. He encontrado tres veces esta misma idea en libros de la antigüedad. La primera vez leyendo "Los Comentarios sobre la guerra de las Galias" (De bello Gallico, el latín es lo máximo), obra de Julio César. Un libro que se lee como una aventura. Con una escena sublime al final en la que César, en persona, al frente de su caballería germana, sale al encuentro de los galos para lograr la victoria. Sorry, lo leí en inglés: "And of course the general willingness of people to believe what they want to believe". La segunda vez en "Anábasis de Alejandro Magno", de Lucio Flavio Arriano. Un libro que es como la "Ilíada", y no le cede en cuanto a fuerza del lenguaje. Pero en vez de girar en torno a Aquiles, naturalmente, cuenta la historia de Alejandro III de Macedonia. De nuevo, se lee como un libro de aventuras. No pasan dos páginas sin que alguien dispare una flecha. Así dice: "conjeturaban (que es lo que suele ocurrir en situaciones tales) según sus propios deseos, desconociendo la realidad". Por último, en Tucídides (un libro minuciosamente lento en mi opinión): "juzgando de acuerdo con sus deseos más que con segura previsión; pues los hombres acostumbran a entregar a una incauta esperanza aquello que desean y a rechazar con razonamientos arbitrarios aquello que no admiten con gusto".